Décimas de sengundo, o centésimas no lo calculé bien; ese tiempo tube para apretar ambos frenos y atravesarme por completo en la carretera, delante de ella…

La cara de aquella mujer era un poema; por unos momentos pensó que un niñato en moto iba a arrebatarle sus vida, a ella, una mujer que cruzaba detrás de un camión, sin mirar y sin paso de zebra posible.
Pero yo si que había visto mi vida, bueno, la que me quedaba por vivir después del accidente; la noche de calabozo, el juicio, la indemnización a la mujer, retirada del carnet y carcel hasta los 25, mi vida arruinada.

Pero no, apagué la moto, me quité el casco para mirar a la mujer; y para alivio mío, seguía entera.

Un: “Pérdona” por su parte hizo que continuara mi marcha.

No gana uno para sustos.